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Hace siglos en la Antigua Castilla, España, nació la lengua castellana, nuestra lengua hoy por hoy denominada español. Han pasado muchos años desde entonces donde algunos se tomaron la molestia de estructurar frases, oraciones, de construir una gramática y de escribir pergaminos con miles de historias, todo esto hecho a la perfección -excelente caligrafía y ortografía- para las generaciones venideras y para el enriquecimiento de su cultura. Todo ello ¿para qué?, para que luego de muchos años le estemos dando en la cabeza al español, ofendiendo la lengua y manipulando las reglas gramaticales al antojo de cada quién, porque eso es lo que nos está pasando.
Sin ánimo de ofender ni burlarme de nadie -porque esa no es la idea-, quiero comentar sobre una situación que se ha venido presentando desde el primer momento que inicié mi cuenta -obvio quizás desde mucho antes- en la red social llamada Creativos Colombianos, y que ha captado mi atención. Se sobre entiende que esta red alberga en su mayoría a ilustradores, diagramadores, caricaturistas, artistas plásticos y diseñadores; en menor medida se encuentran escritores, guionistas y editores; hasta ahí vamos claros, el tema es ¿qué tan importante es para la gran mayoría tener una buena ortografía? y ¿qué tan importante es expresarse de la manera adecuada?
Si bien, estamos en una era donde la tecnología nos lleva la delantera y en el afán de alcanzarla se nos olvidan los fundamentos básicos de una buena construcción escrita. Los chats, perfiles, notas, blogs, entre otros, optimizan la divulgación de materiales audiovisuales, visuales y escritos, acercando a millones de personas de distintas partes del mundo, al mismo tiempo que se comparten conocimientos y culturas. Los recursos web son muy útiles, pero ¿será suficiente emplear estrategias de marketing basados únicamente en el trabajo visual? ó ¿es necesario el acompañamiento de una estructura de texto bien diseñada?
Se perdona que en una ventana de chat se abrevien palabras, se usen emoticones, no se tilden vocales, no se usen mayúsculas iniciales ni signos de puntuación; claro todo se perdona porque se está en el chat y hay que escribir como se habla “muy coloquial”. Así uno se entiende y les entiende; particularmente he aprendido a sacarle provecho al chat de Creativos Colombianos, aunque pareciere que estuviesen los mismos, a veces hay alguien nuevo, se ponen temas de conversación interesantes y se conoce a cerca de una profesión como tal. Uno se ríe, se entretiene, aprende y conoce.
Pero es agobiante encontrarse con escritos imposibles de leer, ya que uno no sabe que es lo que dicen, porque no se tildan o porque tienen errores ortográficos o mal llamados “horrográficos”. Una tilde cambia el sentido total de una frase, una letra cambia el significado de una palabra y una estructura mal diseñada no dice nada y se convierte en algo llamado “ladrilludo”.
La discusión está abierta creativos, no soy quién para decir nada, es simplemente mi opinión a cerca de las publicaciones de algunos en esta red, todos nos equivocamos y cada día se aprenden cosas nuevas, pero por favor!!!! lo escrito también es importante. “Una imagen vale más que mil palabras”, sí, pero ¿sabe usted escribir esas mil palabras?.
"Trabajar más que todos los demás. Ir a dormir a sabiendas de que ningún periodista que está cubriendo la misma noticia trabajó más que usted. No tener miedo de decir: ´Disculpe, pero no entendí bien´. Aprender a escribir. Ser ambicioso, tener ideas. No dejarse amedrentar. Desconfiar del poder y dudar de la versión de quién gobierna”. Benjamin Bradlee, sobre el secreto para llegar a ser un buen periodista."
Hoy 9 de Febrero quiero compartirle a mis colegas esta frase de Bradlee, para que nos llenemos de fortaleza y combatamos ese estigma que nos aqueja. Puede que no seamos 100% objetivos, pues somos personas con pensamientos y sentimientos propios, pero nos empeñamos a diario en contar e informar a los lectores de la manera más imparcial posible; en indagar, en preguntar, en buscar y enfrentar la noticia.
Cualquiera escribe -eso dicen-, pero no cualquiera arriesga su´pellejo´, dedica su tiempo, experiencia y creatividad. No cualquiera deja al lado sus prejuicios y estructura una nota que será vista por muchos y juzgada por todos. Tener el valor para retractarse, para preguntar y volver a formular es una cualidad más no un lujo que nos podemos dar, es nuestro deber.
El periodismo puede estar desprestigiado, puede ser una profesión no muy bien remunerada; pero algo si es cierto, es un estilo de vida que además de hacernos ambicionar, nos enseña el factor humano, nos muestra lo oculto -lo que desconocemos-, nos acerca a las personas, nos exige compromiso y responsabilidad. El periodismo es al día lo que el pan al desayuno, siempre está ahí para nuestro deleite y alimento. Nuestro deber es informar y divulgar lo que sucede, a partir de imágenes, video, audio y por supuesto escritos; escritos estructurados que recreen una situación, momento y acontecimiento, un relato que cuente lo que se debe saber y además que siembre esa duda dejando espacio para que el lector reflexione y formule sus propias hipótesis.
El periodismo abre las puertas a la opinión, por eso los invito a seguir por este camino, el de informar; hagamos de la noticia una información transparente sin pretenciones políticas, pertinente y veraz.
~Feliz día Periodistas~y a Escribir~

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En el año 2002 floreció en la Avenida Figueroa Alcorta y Tagle de la ciudad de Buenos Aires, Argentina, una monumental escultura floral que por sus características representa a todas las flores en general. Es una majestuosa obra de no menos de 20 metros de alta y 18 toneladas de peso, donada por el arquitecto argentino Eduardo Catalano, quien afirma haberse sentido como la “Diosa de la naturaleza creando una flor nueva sobre la tierra”, tal y como está sustentado en el artículo de la redactora del periódico El Clarín, Patricia Carini. http://www.clarin.com/diario/2002/04/13/s-03215.htm
Escribo sobre ella, sobre la “Floraris Genérica”, porque la encontré por ahí navegando en la red y me pareció fascinante el hecho de que a pesar de ser mecánica, funciona con el ritmo de la naturaleza. Ella empieza a desplegar sus pétalos metalizados conforme el sol se va asomando, asimismo, se encapsula cuando éste se oculta, no conforme con ello, está sistematizada para los cambios de clima, es decir, es una flor “inteligente”. Tan inteligente que desborda su esplendor en una enorme pileta de agua de 44 metros de diámetro, lo cual maximiza su luminosidad e imponencia.
La “Obra Ambiental”como la ha denominado su creador, a cautivado mi sensibilidad y me ha hecho soñar con lo exorbitante que puede ser la combinación de lo natural y lo artificial, y como algo tan simple pero hermoso como lo es una flor expandiéndose despliega ese deseo de inspiración.
Es poética su presencia, es perfecta desde los pistilos hasta el tallo, es romántica como el sabor dulce de un capuchino o como el chocolate derretido con crema de avellanas; es como el último suspiro de una vela al extinguirse; cómo el rocío sobre los charcos; cómo el abrazo de los abuelos y el beso de una madre; es una estrella fugaz que ancló en tierra y se revistió de agua para ser el florero de la Avenida Figueroa Alcorta y Tagle; es simplemente enamorada.
La veo y pienso: ¿Cómo a un arquitecto se le ocurrió dar vida a una gigantesca flor y pensó en eternizarla poniéndola en un estanque como si florero fuese para ella?¿cómo se ideó la manera de poner a soñar a miles de mujeres, parejas y niños con una flor robotizada?¿cómo hizo parecer 6 millones de dólares –que fue lo que aproximadamente costó la obra- insignificantes, al lado de los sueños que esta flor fabricó para todos los que la veían?
Vuelvo y la miro y siento: que es infinito el universo así como los sueños y el sentimiento profundo; es indescriptible el poder de la imaginación y la vida juntas; es reconfortante el alivio de poder ver, oler, sentir, escuchar y saborear; es exquisito poder disfrutar de las maravillas del mundo y escribir sobre eso.
Algún día cuando recorra el mundo, recordaré pasar por Buenos Aires y detenerme en la escultura de Catalano, desde muy temprano en la mañana hasta que oscurezca, con unas hojas y un lápiz. Escribiré la sensibilidad de sus pétalos y la caricia del viento a las ondas de su estanque, admiraré su majestuosidad y luego de escribirla sacaré las fotos que me inscriban a la eternidad del monumento argentino, a ese, que quizás enamore a muchas generaciones venideras.
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