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~F|orarïs Genérïca Romantïcus~

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En el año 2002 floreció en la Avenida Figueroa Alcorta y Tagle de la ciudad de Buenos Aires, Argentina, una monumental escultura floral que por sus características representa a todas las flores en general. Es una majestuosa obra de no menos de 20 metros de alta y 18 toneladas de peso, donada por el arquitecto argentino Eduardo Catalano, quien afirma haberse sentido como la “Diosa de la naturaleza creando una flor nueva sobre la tierra”, tal y como está sustentado en el artículo de la redactora del periódico El Clarín, Patricia Carini. http://www.clarin.com/diario/2002/04/13/s-03215.htm

Escribo sobre ella, sobre la “Floraris Genérica”, porque la encontré por ahí navegando en la red y me pareció fascinante el hecho de que a pesar de ser mecánica, funciona con el ritmo de la naturaleza. Ella empieza a desplegar sus pétalos metalizados conforme el sol se va asomando, asimismo, se encapsula cuando éste se oculta, no conforme con ello, está sistematizada para los cambios de clima, es decir, es una flor “inteligente”. Tan inteligente que desborda su esplendor en una enorme pileta de agua de 44 metros de diámetro, lo cual maximiza su luminosidad e imponencia.

La “Obra Ambiental”como la ha denominado su creador, a cautivado mi sensibilidad y me ha hecho soñar con lo exorbitante que puede ser la combinación de lo natural y lo artificial, y como algo tan simple pero hermoso como lo es una flor expandiéndose despliega ese deseo de inspiración.

Es poética su presencia, es perfecta desde los pistilos hasta el tallo, es romántica como el sabor dulce de un capuchino o como el chocolate derretido con crema de avellanas; es como el último suspiro de una vela al extinguirse; cómo el rocío sobre los charcos; cómo el abrazo de los abuelos y el beso de una madre; es una estrella fugaz que ancló en tierra y se revistió de agua para ser el florero de la Avenida Figueroa Alcorta y Tagle; es simplemente enamorada.

La veo y pienso: ¿Cómo a un arquitecto se le ocurrió dar vida a una gigantesca flor y pensó en eternizarla poniéndola en un estanque como si florero fuese para ella?¿cómo se ideó la manera de poner a soñar a miles de mujeres, parejas y niños con una flor robotizada?¿cómo hizo parecer 6 millones de dólares –que fue lo que aproximadamente costó la obra- insignificantes, al lado de los sueños que esta flor fabricó para todos los que la veían?

Vuelvo y la miro y siento: que es infinito el universo así como los sueños y el sentimiento profundo; es indescriptible el poder de la imaginación y la vida juntas; es reconfortante el alivio de poder ver, oler, sentir, escuchar y saborear; es exquisito poder disfrutar de las maravillas del mundo y escribir sobre eso.

Algún día cuando recorra el mundo, recordaré pasar por Buenos Aires y detenerme en la escultura de Catalano, desde muy temprano en la mañana hasta que oscurezca, con unas hojas y un lápiz. Escribiré la sensibilidad de sus pétalos y la caricia del viento a las ondas de su estanque, admiraré su majestuosidad y luego de escribirla sacaré las fotos que me inscriban a la eternidad del monumento argentino, a ese, que quizás enamore a muchas generaciones venideras.

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